
Hartas
Llegamos a este 8 de marzo después de casi un año de pandemia, aislamiento social primero, distanciamiento social obligatorio e inicio de campaña de vacunación. Un año en el que todas las desigualdades se han profundizado, y en el que la crisis castiga, como siempre, a quienes están más vulneradxs. Las universidades públicas no quedaron por fuera de esta situación, y tampoco quienes trabajamos en ellas. Durante este año estudiantes, docentes y personal administrativo y de servicios tuvimos que ponerle el cuerpo a la virtualidad, adaptarnos rápidamente a esta nueva situación, muchas veces resolviendo sobre la marcha lo que fuera apareciendo, poniendo nuestra creatividad pero también nuestros recursos, de modo de garantizar que pudieran continuar, en las mejores condiciones posibles, los procesos de enseñanza y aprendizaje. Por supuesto, esto tuvo - y tiene - un costo: dejar las aulas, no poder encontrarnos cara a cara no nos fue gratuito y nos sigue pesando; además, muchxs tuvimos que poner dinero de nuestros bolsillos para renovar conexiones a internet, computadoras, micrófonos y otros elementos, en un año en el cual nuestros salarios quedaron muy atrasados con respecto a la inflación. ...